Quiero que conozcan la realidad de estas personitas. Viven en un geriátrico muy chulo en Maicao - Guajira, unos con enfermedades crónicas, otros enfermos de olvido.
Yo no tengo ni el dinero, ni las intenciones de convertir ésta obra en una fundación. Pero verlos me hace pensar más allá de la caja y me ha enseñado a vivir sin remordimientos, a creer que muchas cosas son posibles, y a disfrutar la compañía de personas que se dedican a dar amor y a reír de los problemas.
No puedo esperar para ver sus caras cuando llegue con regalos bobos, no puedo esperar a recibir abrazos de quienes creen que “unas gotas para los ojos” van a curar su ceguera, quienes no se cansan de esperar una visita que nunca llega, y quienes con todo el cariño me guardan el mejor “mango” de la cosecha.